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Entre el miedo y la camilla: No fue solo una citología

  • Foto del escritor: Mi Cuerpo/Min Krop
    Mi Cuerpo/Min Krop
  • 13 nov
  • 3 Min. de lectura
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La citología cervicovaginal, o prueba de Papanicolaou, es un examen médico sencillo que consiste en tomar una pequeña muestra del cuello uterino y la vagina, con el propósito de detectar a tiempo posibles lesiones o alteraciones que podrían convertirse en cáncer de cuello uterino. A continuación, me referiré a este procedimiento como citología, ya que esta es la manera más común de nombrarla en Colombia. 


Nunca olvidaré mi primera citología. Desde que escuché que debía hacérmela, sentí miedo y curiosidad al mismo tiempo. Sabía que era un examen importante para cuidar la salud de las mujeres, pero nadie me explicó bien en qué consistía. Solo había escuchado frases como “tienes que abrir las piernas” o “te introducen un aparato”, sin que nadie me contara qué significaba realmente vivir ese momento. Me daba pena preguntar, incluso a mi mamá, porque siempre he sido muy reservada con esos temas. 


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El día de la cita llegué nerviosa. Me hicieron pasar a un consultorio, la profesional me saludó, me pidió unos datos, me dijo que me quitara la ropa de la cintura para abajo y me colocara la bata. No me explicó nada más. Solo señaló la camilla y me pidió abrir las piernas. 

Intenté hacerlo, pero mi cuerpo se resistía. Me temblaban las piernas, y aunque hacía lo que me decía, no podía relajarme. Ella hablaba con frases cortas: “acércate más”, “no hagas fuerza”, “no me cierres las piernas”. Cada palabra me hacía sentir más incómoda. Quise decirle que tenía miedo, pero no me atreví. 

En ese momento me sentí sola y vulnerable. No porque doliera, sino porque nadie me miró a los ojos ni me explicó qué estaban haciendo. Al finalizar, solo me dijo que en ocho días fuera por mi resultado. Pensé que algo que debía ayudarme a cuidar mi salud no debería hacerme sentir tan mal. 
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Cuando salí del consultorio, caminé despacio. Sentía alivio, pero también vergüenza pues nunca había mostrado mi parte intima a una persona extraña. Durante

varios días no dejé de pensar en lo que había pasado. Con el tiempo entendí que no era culpa mía. Lo que sentí fue por la falta de empatía y de información sobre nuestro propio cuerpo. 


Después hablé con algunas amigas y descubrí que muchas habían sentido lo mismo: miedo, vergüenza o confusión. Todas coincidíamos en algo: nadie nos había explicado bien qué era una citología ni qué iba a pasar durante el examen.  

Hoy entiendo que la salud no se trata solo de exámenes, sino también de cómo nos sentimos cuando los vivimos. La citología es importante y puede salvar vidas, pero también debe hacerse con cuidado, con respeto y explicando cada paso. 

Ahora ya no me quedo callada. Pregunto, hablo y exijo respeto. Las personas con vulva merecemos sentirnos seguras y tranquilas, sin miedo ni vergüenza, sabiendo que nuestro cuerpo es valioso y digno de respeto. 


Algunos consejos que me gustaría compartir contigo:  

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Accede siempre a información oficial de organizaciones o entidades de salud para despejar tus dudas, esto te hará sentirte con comodidad y confianza. Durante el procedimiento, realiza todas las preguntas que consideres necesarias y, si lo prefieres, puedes pedir el acompañamiento de alguien de confianza. Es normal que puedas sentir nervios o vergüenza, recuerda que este examen es importante para nuestro autocuidado. Y no olvides preguntar cómo y cuándo podrás conocer tus resultados, cuidar de ti también significa mantenerte informada. 


 
 
 

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