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Maternidad: el amor más grande y el reto más complejo

  • Foto del escritor: Mi Cuerpo/Min Krop
    Mi Cuerpo/Min Krop
  • 14 may
  • 3 min de lectura

Si me preguntaran si deseaba ser madre, mi respuesta sería sí. Siempre quise serlo y hoy, que lo soy, me siento feliz y profundamente agradecida con la vida. Soy mamá de Samy, una pequeña de 21 meses que crece a una velocidad que a veces me asusta. No quiero perderme ni un solo momento de su vida.


Podría decir que es una bebé feliz, rodeada de amor: el de su papá, su familia, nuestros amigos y el mío, que es infinito. Ser su mamá es una de las alegrías más grandes que he vivido.

Samantha "Samy"
Samantha "Samy"

Pero la maternidad también viene cargada de exigencias y expectativas que muchas veces abruman. Se espera, por ejemplo, que la lactancia sea perfecta, que desde el primer instante se cree un vínculo especial con tu bebé y que se sostenga, mínimo, hasta los dos años. Pero lo que pocas veces te cuentan es que ese proceso también puede doler, literalmente. Mis senos dolían como nunca y sí, al menos en mi caso, la lactancia en sus inicios fue una experiencia dolorosa y desafiante.


También se espera que estés siempre feliz, agradecida y que no te quejes. Pero nadie habla del duelo silencioso que vivimos por lo que dejamos atrás. Porque sí, en la maternidad también hay pérdidas: tiempo, independencia, descanso, energía e incluso la imagen que teníamos de nuestro propio cuerpo.

En muchas madrugadas me he sentido agotada y confundida, tratando de entenderme entre el cansancio, la falta de sueño y un cuerpo que ya no reconozco del todo.

Y luego, casi sin tiempo para respirar, se espera que retomes tu vida. Que vuelvas a ser la esposa, la hija, la amiga, la profesional y la empleada. Que, en cuatro meses, al finalizar tu licencia de maternidad, ya estés lista para cumplir con todos esos otros roles que la sociedad no ha dejado de asignarte.


A veces pienso que a las mujeres nos han impuesto tantos estereotipos y expectativas, que muchas terminamos cumpliéndolos sin siquiera cuestionarlos. Aprendimos a adaptarnos y a callar lo que sentimos. Y cuando nos convertimos en madres, esas expectativas se multiplican. Se espera que todo lo podamos, que todo lo sepamos y que todo lo disfrutemos por instinto.

Por eso es importante hablarlo, compartirlo y ponerle palabras a lo que sentimos. Porque maternar también es tener derecho a cansarse, a dudar, a pedir ayuda y a reconstruirse. Porque, a pesar de todo, cuando la maternidad es deseada, sigue siendo una de las experiencias más transformadoras, potentes y hermosas que podemos vivir.

Ser mamá de Samy ha sido, y sigue siendo, lo mejor que me ha pasado. He llorado de agotamiento, pero también de alegría. Me he sentido rota y, al mismo tiempo, más fuerte que nunca.

La maternidad ha sido un viaje de aprendizaje, de sinceridad conmigo misma y de reconocer que, incluso en medio del caos, existe un amor infinito; de ese que no se agota y que, con tan solo escuchar las risas de mi bebé, actúa como un bálsamo que alivia y renueva mis fuerzas para continuar.


Hoy, a mis 33 años, siento que convertirme en madre a esta edad fue una decisión acertada. Como mencioné antes, se trata de una maternidad deseada y buscada. Sin embargo, no puedo evitar reflexionar cuando veo a adolescentes y jovencitas menores de edad enfrentando la maternidad desde embarazos no deseados. Me conmueve y me preocupa, porque sé lo desafiante que puede ser este camino incluso cuando se ha planeado.

Por eso, mi invitación con este texto es a que tanto hombres como mujeres se detengan un momento a pensar seriamente cuándo y por qué quieren ser madres o padres. La maternidad y la paternidad deben ser decisiones conscientes, no apresuradas. Porque sí, es cierto que tener un hijo o hija puede ser lo más hermoso que te pase en la vida… pero también será, sin duda, una de las experiencias más complejas y desafiantes que vivirás.

Creemos que promover decisiones informadas y conscientes sobre la maternidad y la paternidad sigue siendo fundamental. Hablar de educación sexual, salud mental, redes de apoyo y proyectos de vida nos permite construir espacios donde cada persona pueda decidir libremente cuándo y cómo asumir este proceso, desde el cuidado, la responsabilidad y el bienestar integral.


Liseth Rincón

Para cuidar la salud mental durante la maternidad:


  • Permítete pedir ayuda sin culpa

  • Descansar también es una necesidad, no un premio

  • Hablar de lo que sientes puede aliviar más de lo que imaginas.

  • Evita compararte con otras maternidades.

  • Busca espacios propios, aunque sean pequeños


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