top of page

Fiestas, luces y… ¿carga invisible?

  • Foto del escritor: Mi Cuerpo/Min Krop
    Mi Cuerpo/Min Krop
  • 11 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

La Navidad suele verse como una época llena de luces, regalos, comida rica y reuniones en familia, pero pocas veces se habla de todo el trabajo que hay detrás para que esa celebración suceda. Decorar la casa, preparar la cena, envolver regalos, limpiar, organizar, coordinar horarios y hasta pensar qué se le va a regalar a cada persona. Nada de eso aparece “automáticamente”. Y aunque es un esfuerzo de toda la familia, en muchos hogares este trabajo recae casi siempre en las mismas personas: “las mujeres”. 


Aunque no sea evidente, la Navidad hace más visible una situación que ya existe todo el año: la distribución desigual de las tareas del hogar. Diversos estudios muestran que las mujeres siguen realizando la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados, incluso cuando también estudian o trabajan. Y en temporada navideña, esta carga se multiplica porque además de lo cotidiano se suman los preparativos especiales. 


Algo común es escuchar frases como “mi mamá hace todo eso porque es más organizada” o “es que ella cocina más rico”. Pero estas ideas no son casuales. Forman parte de roles de género muy antiguos que dicen, explícita o implícitamente, que las mujeres son las responsables de la casa y de que las fiestas salgan perfectas. Por eso, durante diciembre, son ellas quienes suelen levantarse más temprano, estar más cansadas y vivir más estrés por “hacer que todo funcione”. 


Aquí aparece un concepto importante: la carga mental. No solo es quién lava, cocina o limpia, sino quién está pensando en lo que falta. ¿Ya se compraron los regalos? ¿Quién trae el postre? ¿A qué hora hay que sacar el pavo? ¿Dónde se guardaron las luces del árbol? ¿Quién confirmó que sí vienen los invitados? La carga mental es invisible, pero desgasta muchísimo, y en Navidad, casi siempre la llevan las mujeres. 

El problema no es disfrutar las tradiciones. Cocinar algo especial o decorar la casa puede ser muy bonito. El problema es que estas actividades se convierten en una obligación exclusiva para una o dos personas, mientras el resto de la familia solo “ayuda”, pero no se hace realmente responsable. Y cuando todo depende de pocos, la fiesta deja de ser disfrutable para quienes más trabajan. 

Por eso es importante cuestionar estas dinámicas desde jóvenes. No se trata de culpar a nadie, sino de observar cómo funciona el hogar y pensar si la distribución de tareas es justa. Si en la casa todos disfrutan la cena, tiene sentido que también todos participen en hacerla posible. Repartir actividades, turnarse, planear juntos, escuchar lo que cada persona puede aportar y reconocer el esfuerzo de quienes hacen más son pasos sencillos, pero significativos. 


También vale la pena preguntarse si necesitamos que todo sea perfecto. Muchas veces la presión que sienten las mujeres viene de querer cumplir una expectativa irreal: la mesa perfecta, la decoración perfecta, la comida perfecta. Pero una Navidad más sencilla, más colaborativa y menos exigente puede ser igual o incluso más agradable. 


En resumen, la magia navideña no debería depender del cansancio de unas cuantas personas. Una celebración realmente familiar es aquella donde todas y todos participan, se hacen responsables y disfrutan por igual, y empezar a cambiar estas dinámicas ahora, desde la adolescencia, es una forma de construir relaciones más justas en el futuro.

 
 
 

Comentarios


ESCRÍBENOS, estamos para apoyarte

¡Gracias por tu mensaje!

Si quieres instaurar un PQRS o felicitación, oprime en el siguiente botón.

bottom of page