Un amor que existe sin pedir permiso
- Mi Cuerpo/Min Krop

- 12 feb
- 3 Min. de lectura
Esta es una historia de amor que desafía la distancia y los prejuicios. Un hombre trans y una mujer cisgénero que han elegido amarse con honestidad, construyendo un vínculo que no se esconde y que se sostiene, cada día, desde la dignidad.
Amar a Wendy es algo que atraviesa la distancia y también las certezas que he ido construyendo sobre mí mismo.

No es un amor cómodo ni simple, pero sí profundamente honesto. Nos amamos sin compartir el mismo espacio físico todos los días, aprendiendo a sostener el vínculo con palabras, silencios y una presencia que no depende del cuerpo, sino del compromiso. La distancia no ha debilitado nuestro amor; lo ha vuelto más consciente.
Soy un hombre trans, y esa realidad no es una nota al pie en nuestra historia. Es parte de cómo existo, de cómo siento y de cómo amo.

Durante mucho tiempo pensé que mi identidad sería una barrera para ser amado de forma plena. Con Wendy entendí que no tenía que encogerme ni explicarme para merecer amor. Ella me ve como soy, me nombra como soy y me elige desde ahí. No hay negociaciones con mi identidad, no hay condiciones ocultas. Hay respeto, y eso transforma todo.

Wendy es una mujer cisgénero y su forma de amar ha sido, para mí, un espacio seguro. No porque no existan diferencias, sino porque hay disposición a entenderlas. Nuestro amor no vive en la fantasía; vive en conversaciones largas, a veces incómodas, necesarias. Ella también ha tenido que enfrentarse a miradas externas, a preguntas que no pidió, a prejuicios que no le pertenecen. Aun así, decide caminar conmigo, aprender conmigo y crecer conmigo.
La distancia nos ha obligado a construir otras formas de intimidad. Nos amamos en mensajes de voz, en planes que aún no se concretan, en la certeza de que estamos del mismo lado incluso en los días difíciles. Hay momentos de cansancio, de miedo, de frustración, pero también hay una decisión constante de permanecer. Amarnos así es un acto diario, no una promesa abstracta.
Ser un hombre trans en una relación con una mujer cis también nos sitúa, querámoslo o no, en un lugar político. Existimos en un mundo que todavía cuestiona nuestras identidades y nuestros afectos. Nuestro amor, simplemente por existir, desafía ideas rígidas sobre el género, el cuerpo y las relaciones. No buscamos ser un símbolo, pero tampoco nos escondemos. Amamos con dignidad.
Amar a Wendy es sentir que tengo un hogar incluso cuando no puedo tocarlo. Es saber que hay alguien que me espera sin intentar cambiarme, sin pedirme que sea menos para encajar. Nuestro amor no se define por la distancia ni por las categorías impuestas, sino por la forma en que nos cuidamos y nos elegimos. En ese amor, yo soy completamente quien soy, y eso, para mí, lo es todo.

-A.C




Comentarios