El crush anónimo que me escribía... era mi propio novio.

Una historia basada en una situación real sobre cómo el control se puede disfrazar de amor, y por qué reconocerlo a tiempo puede cambiarte la vida.
¿Alguna vez sentiste ese cosquilleo raro cuando alguien nuevo te escribe y te hace sentir especial? A mí me pasó. Un perfil que no conocía empezó a hablarme, a decirme cosas lindas, a coquetearme como si me conociera de toda la vida. Me sentía vista, elegida. Lo que no sabía es que ese "desconocido" era alguien que veía todos los días.

Los mensajes empezaron suaves, del estilo: "Te vi en una historia y no pude dejar de pensar en escribirte" o "¿Por qué nadie te ha dicho lo linda que eres hoy?". Cosas que, leídas por separado, parecen inofensivas. Pero con el tiempo se volvieron más intensos, más insistentes, hasta que empezó a enviarme packs!, me envió fotos íntimas sin que yo se las pidiera ni las quisiera. Eso ya no se sentía como coqueteo, se sentía como acoso.
Recibir contenido sexual que no pediste, vengan de un conocido o desconocido, también es una forma de violencia digital. Y ahí empecé a sentirme incómoda, invadida, sin saber todavía con quién estaba hablando realmente.

Y pues, sí. Leíste bien el título: mi novio se había creado una cuenta falsa para escribirme. Al principio pensé: "Qué raro, alguien se está haciendo pasar por otra persona". Pero cuando até cabos y entendí que era él… no sentí alivio. Sentí que el piso se abría bajo mis pies.
Entonces entendí que no estaba intentando conocerme mejor; me estaba vigilando. Y hay una diferencia enorme entre interesarse por alguien y controlar su vida sin su consentimiento.
Y lo más fuerte no fue descubrir la mentira, fue entender el por qué. A él le gustaba verme "coquetear" con otra persona sabiendo que era él todo el tiempo. No era un juego random ni curiosidad: era su forma de vigilarme sin que yo lo supiera, de ponerme a prueba, de tener control sobre algo que ni siquiera sabía que estaba pasando. Eso también es violencia. No deja moretones, pero deja dudas todo el tiempo, culpa que no es tuya, y esa sensación de estar caminando en punticas para no "hacer algo mal".

Pedí ayuda. Hablé con alguien en quien confiaba y decidí denunciarlo. Llamé a la línea 155, que atiende casos de violencia contra las mujeres, donde me orientaron sobre cómo realizar la denuncia.
No fue fácil y, honestamente, decidí darle otra oportunidad, porque a veces el amor, a nuestra edad, se confunde con la esperanza de que la otra persona cambié (spoiler: no siempre pasa). En ese momento pensé que las cosas podían ser diferentes, pero con el tiempo entendí que el control no desaparece solo porque haya promesas.

Volvimos, pero nada se sintió igual. Había una desconfianza que no se iba, un "algo no me cuadra" que no me dejaba tranquila. Y tenía razón para sentirlo: meses después me enteré de que hacía lo mismo con otras chicas y fue horroroso. Ahí sí, se acabó de verdad, sin drama, sin vuelta atrás.
Hoy puedo ponerle nombre a lo que viví: manipulación, control disfrazado de amor, una forma de violencia de género que no se parece en nada a lo que nos enseñan a temer. No hubo golpes, pero hubo vigilancia, mentiras, contenido no consentido y una necesidad de tener poder sobre mí. Y eso también duele. Y eso también es motivo suficiente para irte.
Si leyendo esto sentiste ese "ay, esto me suena"... si tu pareja te vigila, te pone pruebas raras, te envía o te pide contenido sin tu consentimiento, o te hace dudar de ti todo el tiempo, quiero que sepas algo: no estás exagerando, no es tu culpa, y darte cuenta a tiempo no es desconfiar del amor, es quererte a ti primero.
¿Y a ti? ¿Te ha pasado sentir que algo no encajaba pero no sabías cómo nombrarlo? Te leemos. Y si necesitas hablarlo, escríbenos: acá no te vamos a juzgar.
🚩 Señales de alerta: cuando el "amor" se convierte en control

Si reconoces alguna de estas señales en tu relación, presta atención.
Vigilancia disfrazada de interés: revisa tus redes, tus chats o tus contactos "porque le importas", pero en el fondo busca controlarte.
Pruebas de lealtad: te pone situaciones (reales o inventadas) para ver cómo reaccionas, y luego usa tu reacción en tu contra.
Contenido sexual sin tu consentimiento: te envía o te pide fotos/videos íntimos sin que tú lo hayas pedido o querido. Esto se llama cyberflashing y también es una forma de acoso, aunque venga de tu pareja o de un "desconocido".
Celos que se sienten como cuidado: Te dice que es porque te ama o porque le importas, pero termina haciéndote sentir vigilada, culpable o con miedo de hacer algo que lo moleste.
Dobles discursos: actúa de una manera contigo y de otra completamente distinta a tus espaldas (otras cuentas, otras personas, otras versiones de sí mismo).
Confusión constante: sientes que algo no cuadra, pero no logras explicar qué es. Esa sensación también es información válida.
Perdón por presión: decides seguir adelante con la relación porque sientes que darle otra oportunidad es lo correcto, aunque tú sigas sintiéndote mal.
Recuerda: la violencia basada en género no siempre se ve como golpes. También puede ser control, manipulación, vigilancia digital o el envío de contenido sexual sin tu permiso. Si algo de esto te resuena, no estás exagerando y mereces sentirte segura en tus relaciones, también en internet.

¿Necesitas hablarlo con alguien? Escríbenos, en Mi Cuerpo MK te escuchamos sin juzgarte.
-Anónima




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