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Que el próximo Mundial se juegue por el respeto

  • Foto del escritor: Mi Cuerpo/Min Krop
    Mi Cuerpo/Min Krop
  • hace 3 días
  • 3 min de lectura

La fiebre futbolera que despertó el Mundial 2026 llenó las calles, los hogares y las redes sociales de alegría, pasión, emoción y, en ocasiones, frustración. Durante varias semanas vimos cómo el deporte logró unir a millones de personas alrededor del mundo y convertirse en un lenguaje común que trasciende fronteras.


Gracias al Mundial, muchas personas también descubrieron nuevas culturas, tradiciones y realidades. Por ejemplo, para muchos, países como Cabo Verde eran prácticamente desconocidos; después de ver a su selección y conocer un poco más sobre su historia, su gente y su cultura, incluso han despertado el interés de visitarlo. Ese es uno de los grandes poderes del deporte: acercarnos a aquello que antes nos resultaba lejano.


Más allá del fútbol, el Mundial representó un espacio de encuentro entre personas de diferentes nacionalidades, etnias, culturas, géneros, edades y contextos sociales. La pasión por apoyar a nuestro país y a nuestra selección fue una experiencia profundamente enriquecedora, siempre que no traspasara los límites del respeto y la convivencia.


Aunque el Mundial dejó múltiples experiencias positivas y demostró el poder del deporte para unir a las personas, también evidenció conductas que siguen afectando la convivencia y el respeto por la diversidad.

A lo largo del torneo también fuimos testigos de expresiones de rechazo y discriminación hacia diferentes nacionalidades, así como de actos de violencia que van desde insultos, intimidaciones y agresiones físicas hasta campañas de acoso y difusión de información personal en redes sociales contra aficionados y jugadores de selecciones rivales.


Frente a esto, muchas personas podrían preguntarse: ¿Cuál es el problema si estas situaciones siempre han existido en el fútbol?


Es cierto que la violencia en el deporte no es un fenómeno nuevo. Durante años hemos normalizado las agresiones verbales, los enfrentamientos entre hinchadas y la idea de que "todo vale" cuando se trata de defender los colores de un equipo. Sin embargo, que algo haya sido frecuente no significa que deba seguir ocurriendo. Las tradiciones también pueden transformarse.


Más allá de las acciones concretas, vale la pena preguntarnos qué hay detrás de estas conductas. ¿Por qué rechazamos a quien piensa, vive o siente diferente? ¿Por qué la identidad de un equipo o de un país puede convertirse en una excusa para deshumanizar al otro?


Aunque como sociedad hemos avanzado en muchos aspectos, el racismo, la xenofobia, el sexismo, la aporofobia y la LGBTIfobia siguen presentes, muchas veces de manera sutil y otras de forma completamente explícita.


Durante el Mundial fue posible encontrar comentarios que asociaban a los países africanos con la brujería, a los latinoamericanos con comportamientos "escandalosos", a los países nórdicos con actitudes de superioridad, a los países árabes con el machismo o que utilizaban insultos homofóbicos para referirse a jugadores y aficionados. Todos estos comentarios parten de estereotipos y prejuicios que simplifican la realidad y perpetúan la discriminación.


En plena era digital contamos con herramientas que nos permiten conocer otras culturas, aprender de ellas y acercarnos a personas de cualquier parte del mundo. Sin embargo, con demasiada frecuencia esas mismas herramientas terminan utilizándose para difundir odio, burlas y desinformación.

Cada comentario ofensivo alimenta un ciclo en el que la violencia se normaliza y termina generando nuevas formas de agresión.

Romper ese ciclo no depende únicamente de las plataformas digitales o de las autoridades deportivas; comienza con cada una de nuestras decisiones cotidianas.

Implica cuestionar nuestros propios prejuicios, reconocer nuestros errores y comprender que apoyar a un equipo nunca debería significar deshumanizar a otro.

El deporte tiene la capacidad de unirnos como pocas cosas lo hacen. Aprovechemos esa oportunidad para construir espacios donde la diversidad sea motivo de celebración y no de rechazo.

Porque un mejor Mundial no solo se juega en la cancha; también se construye en las tribunas, en las conversaciones y en cada publicación que compartimos.

Que esta sea una invitación a crear un mundo más empático, solidario y respetuoso. Un mundo en el que entendamos que la educación, dentro y fuera del deporte, sigue siendo la mejor herramienta para derribar prejuicios y construir una convivencia basada en el respeto por la diversidad.

-Tephi

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