¿Y si todavía no tengo la respuesta?

Últimamente tengo muchas preguntas en mi cabeza. Estudio en un colegio de solo niñas y, con el tiempo, he empezado a preguntarme si algunas de las cosas que siento por otras chicas son simplemente admiración y cariño, o si pueden significar algo más.

Al principio no le di mucha importancia. Pensaba que era normal sentir cariño o admiración por una amiga. Pero, poco a poco empecé a prestar más atención a lo que sentía y a preguntarme por qué algunas relaciones con mis compañeras me hacían sentir de una manera especial.
Hay amigas con las que tengo una conexión muy bonita. Nos damos pequeños regalos, nos escribimos mensajes, nos abrazamos, nos preocupamos cuando alguna está triste y disfrutamos mucho pasar tiempo juntas. Me gusta hacerlas sentir especiales y también me gusta sentirme querida por ellas.
A veces, después de compartir uno de esos momentos, me quedo pensando: ¿esto es simplemente cariño entre amigas?, ¿es admiración?, ¿o realmente me gusta? Y no siempre encuentro una respuesta.

Además, con el tiempo descubrí que no era la única que tenía dudas. Algunas compañeras del colegio también han hablado de no saber exactamente qué sienten, de preguntarse si alguien les gusta o de no tener claro cómo entender lo que les pasa.
Me tranquilizó saber que no era la única que se hacía esas preguntas.
Aun así, seguía sintiendo presión.
A veces pensaba que ya debería saber qué me gusta o cómo nombrar lo que siento. Me preguntaba si me gustaban los hombres, si podía gustarme una mujer o si simplemente estaba confundiendo el cariño y la amistad con algo más.

Cuando alguien me preguntaba quién me gustaba, no sabía qué responder. A veces decía que me gustaba algún chico, aunque en realidad no estaba segura. No quería que empezaran a hacerme preguntas, que me juzgaran, que se burlaran de mí o que nuestra relación cambiara si les contaba que todavía no sabía qué sentía.
Y eso empezó a angustiarme.
Durante un tiempo pensé en hablar con la psicóloga del colegio, pero no me atrevía. Tenía miedo de contarle algo tan personal y de que después se lo dijera a mis padres. No sabía si podía confiar en ese espacio ni qué podía pasar después de hablar.
Un día decidí contarle a una amiga lo que me estaba pasando. Me escuchó y le expliqué que no sabía si debía hablar con la psicóloga porque me daba miedo que después se lo contara a mis padres.

Ella me respondió:
—Pues, si no sabes qué te pasa, ¿por qué no hablas con ella? De pronto te ayuda a entenderlo.
No estaba del todo convencida, pero sus palabras me hicieron pensarlo. Al final decidí intentarlo.
Al principio me costó mucho contarle a la psicóloga lo que estaba sintiendo. Tenía miedo de que también esperara que yo tuviera una respuesta o de que pensara que estaba confundida porque había algo malo en mí. Pero ocurrió todo lo contrario.
Me explicó que tener dudas sobre la orientación sexual no significa que haya algo malo en mí.
También me dijo que no todas las personas descubren lo que sienten de la misma manera ni al mismo tiempo, y que no tengo que definir mi orientación de inmediato.

Hablamos de que una amistad, la admiración, el cariño y la atracción pueden sentirse de maneras diferentes y que aprender a reconocer esas emociones puede tomar tiempo.
Eso me ayudó a entender que no tengo que ponerle un nombre a cada sentimiento para que sea válido.
La psicóloga no me dio una respuesta porque esa respuesta me corresponde descubrirla a mí. Lo que hizo fue escucharme, responder mis preguntas y acompañarme mientras intento entender mejor lo que siento.
También comprendí que no tengo que contarles a otras personas algo sobre mí antes de sentirme preparada. Puedo elegir con quién hablar, cuándo hacerlo y cuánto quiero compartir. Si todavía no quiero ponerle un nombre a lo que siento, también está bien.
Todavía estoy en ese camino.
Quizás algún día tenga claro cómo quiero nombrar lo que siento. Quizás descubra que no necesito una etiqueta o simplemente necesite más tiempo para entenderme. Por ahora, quiero permitirme vivir esta etapa sin sentir que tengo que resolverlo todo de inmediato.
Quiero disfrutar, conocerme, sentir, aprender y ser yo misma.

Porque tal vez crecer también significa aprender que no todas las respuestas llegan al mismo tiempo.
Y está bien no tener todas las respuestas todavía.
-Anónima




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